sábado, 24 de febrero de 2007

Esclavos de la tecnología

    La tecnología se ha convertido en un elemento fundamental en nuestras vidasEstamos atrapados por la tecnología. Nuestras vidas se han convertido en una extensión de aparatos electrónicos y en el momento en el que uno de ellos falla puede suponer para más de uno algo parecido a una catástrofe mundial.

    Nos resulta difícil imaginar nuestras vidas sin ciertas tecnologías que, sin darnos cuenta, se han convertido en los ejes de nuestra actividad. Si un día nos quedamos sin batería en el teléfono móvil o se estropea y tenemos que pasar algunos días sin él, nos sentimos incomunicados, perdidos, abandonados a nuestra suerte. De hecho, es habitual escuchar la expresión “no puede vivir sin móvil” y para algunos se ha convertido en una obsesión tal que les ha llevado a la adicción.

    Otra de las tecnologías, y quizá la más importante, que se ha apoderado de nuestras vidas son los ordenadores y, por ende, Internet. Ambos elementos se han convertido en algo fundamental, no sólo para desarrollar la actividad profesional, sino para el ocio, las relaciones sociales, la búsqueda de información (hasta el mismísimo presidente de los Estados Unidos utiliza Google para buscar información sobre algunas personas), para establecer comunicaciones, así como un largo etcétera.

    ¿Y qué me dicen de la televisión? Qué harían nuestros mayores sin la telenovela de la sobremesa o cómo pasaríamos esas largas tardes de domingo en las que el equipo de fútbol juega fuera de casa. Y es que la televisión se ha convertido en un miembro más de la familia.

    En cualquier caso, estos tres grandes inventos son sólo la punta del iceberg. O si no, qué sería de los alumnos de quinto de Periodismo sin una memoria USB para trasladar los trabajos de infografía, o de los que practican footing sin un reproductor de mp3 para amenizar sus jornadas deportivas, qué harían las personas que sólo tienen una hora y media para comer si no existiera un microondas para descongelar y calentar las comidas, ... El caso es que, lo miremos por donde lo miremos, las máquinas controlan nuestra vida.

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